Clínica psicomotriz, La

Clínica psicomotriz, La

El cuerpo en el lenguaje


$ 1860,00


La psicomotricidad es un punto de encuentro entre la realidad neuromotora del desarrollo y la constitución subjetiva, a través de la realización en acto de una experiencia significante cuya travesía deja huellas que historizan cada subjetividad. En el campo psicomotor es esencial la realización del gesto como experiencia fundante de la subjetividad. La gestualidad permite que los niños se emancipen del órgano carnal y los introduce en un mundo imaginario (pleno de imágenes para reflejarse, atravesar y refractarse), simbólico (conformado por la legalidad del lenguaje y la cultura) y real (en tanto límite y causa de la experiencia).

Prólogo a la nueva edición
Esteban Levin

Prólogo
Alfredo Jerusalinsky

Capítulo 1
Historia de la psicomotricidad

Capítulo 2
El cuerpo y el Otro

Capítulo 3
El lenguaje como constituyente del universo humano y del humano en el universo

Capítulo 4
El gesto, del signo al significante

Capítulo 5
La clínica psicomotriz en transferencia

Capítulo 6
La estructura del síntoma psicomotor: la metáfora en el cuerpo

Capítulo 7
La transferencia en la terapia psicomotriz

Capítulo 8
El abordaje psicomotor del autismo y la psicosis en la infancia

Capítulo 9
Esbozo de una clínica psicomotriz en pacientes adultos psicóticos crónicos

Capítulo 10
Lo que el psicoanálisis aporta a la psicomotricidad

Capítulo 11
La dirección de la cura en la clínica psicomotriz

Capítulo 12
La ética del psicomotricista

Esteban Levin

Licenciado en Psicología. Psicomotricista. Psicoanalista. Profesor de Educación Física. Profesor invitado en universidades nacionales y extranjeras, director de la “Escuela de Formación en clínica psicomotriz y problemas de la infancia” Es autor de numerosos artículos en diversas publicaciones especializadas nacionales e internacionales.

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Introducir es dar entrada, es dar cabida a alguien en algún nuevo lugar. Introducirnos en la lectura de un libro implica siempre inaugurar un espacio y un tiempo diferentes. Toda lectura genera y produce interrogantes.

Como una película cuyo final se anticipa al comienzo, esta Introducción es el último capítulo que escribió en mí este libro. Me encuentro escribiendo el final del libro en su principio. Escritura que continúa reinscribiéndose en la lectura que lo precede y lo anticipa en una secuencia.

Este escrito espera generar en el lector un espacio de trabajo, de apertura, de interrogantes que promuevan cuestionamientos, allí donde las preguntas y las respuestas permanecen fijas y anquilosadas en un saber enciclopedista o linealmente uniforme. ¿Quién desafía y resquebraja el saber instaurado de la técnica? ¿Quién se introduce en el campo psicomotor y qué lugar ocupa? Es el sujeto, que permanece perdido en la mirada del técnico, quien nos interpela a mirarlo, leerlo y escucharlo desde el registro simbólico. Es él quien se introduce en la clínica psicomotriz luego de un sinuoso y arduo recorrido.

Este verdadero desafío nos introduce en la búsqueda en la que el mismo sujeto participa –y no un formulario o recetario ya dado–, de lo que no se representó de ese cuerpo en el encadenamiento simbólico. Un desafío que nos lanza el niño, con su cuerpo, sus posturas, sus gestos, al darse a ver del otro lado de los recursos y métodos técnicos, ya sean listados de ejercitaciones y programas de actividades, así como también modalidades de intervención basadas en la valorización de lo emocional, de la empatía, la adaptación, lo relacional, la motivación, etcétera.

Es el sujeto con su sufrimiento en juego, encapsulado en su síntoma psicomotor, el que inaugura y da cabida a este espacio clínico. El mismo impulsa preguntas que generan nuevos laberintos, conduciéndonos continuamente a reformulaciones teórico-clínicas. Este escrito es producto y consecuencia de estos efectos.

Son precisamente ellos, los niños, los que en la dinámica psicomotriz arman y conquistan nuevos espacios, movimientos y cuerpos, que reclaman ser leídos e interpretados fuera de los presupuestos, de los prejuicios ya establecidos por un saber absolutista, propio de los Amos, que solo se relacionan por su imperativo omnipotente con el de los pequeños conquistadores.

Es en este espacio donde surge la pregunta por el sujeto. Él, en la clínica psicomotriz, nos hace recurrir al psicoanálisis, que de allí en adelante atraviesa nuestro acto clínico, sin dejar por ello de lado la propia especificidad. Por el contrario, su inclusión redimensiona el ámbito psicomotor, permitiendo otra mirada, otra lectura-escritura simbólica y, en definitiva, otro camino inexplorado.

El psicoanálisis posibilita diferenciar el cuerpo en lo real, en lo simbólico y en lo imaginario. Que el cuerpo humano en tanto tal es un real, simbolizable y, en consecuencia, susceptible de representación imaginaria.

El cuerpo neuroanatómico, el tono muscular, los brazos, las piernas, la nariz, los ojos, la boca, el sistema nervioso, digestivo, circulatorio –en una palabra, todos los órganos, componentes y sistemas del cuerpo– están tomados por una estructura que subvierte y modifica el equilibrio homeostático del mismo; esta particular estructura es el lenguaje.

A la realidad neuromotriz corporal se le sobreimprimen las huellas y marcas del lenguaje; con ellas el cuerpo pasa a residir no solo como un conjunto de músculos y nervios, sino también como una posición inscripta por el deseo del Otro en la cultura. Tenemos la realidad del cuerpo (condición de posibilidad), pero eso que es el cuerpo no es la realidad: el lenguaje lo atraviesa, lo transgrede y trasciende, hasta hacerlo existir fuera de su pura sensación carnal.

Para que una vivencia corporal se constituya, necesariamente tendrá que pasar por el lenguaje, y, por ello, dejará de ser solo vivencia-cuerpo, todo junto. El cuerpo no es el organismo y, dialécticamente, el organismo biológico no es el cuerpo.

El cuerpo libidinal, pulsional, erógeno, que Freud se ocupó de descifrar, retorna constante y al mismo tiempo azaroso en la práctica clínica de la psicomotricidad: no podemos ya eludirlo, desconociéndolo.

Tanto los ojos como las posturas, los gestos, el tono muscular y el movimiento no son solo eso, sino también significación determinada por el deseo del Otro que pulsionaliza ese cuerpo, que lo introduce en el mito familiar.

Jean Bergès, en su extenso recorrido por el campo psicomotor, lo puntualiza de este modo:

(...) es pues del cuerpo en cuanto receptáculo, suponiendo una inscripción, que se puede captar la significación de los disturbios y establecer una terapéutica en cuyo centro estará el cuerpo, el cuerpo del hombre que habla (Bergès, 1986).

Este libro se ocupa en particular de este viraje y esta articulación. Pues no es un mero cambio teórico, un simple agregado yuxtapuesto o una modificación, sino que, a partir de la inclusión de lo inconsciente en el ámbito psicomotor, proponemos un cambio a la vez ético y epistemológico en la lectura, en la mirada y en la intervención misma del psicomotricista. Esto nos posibilita continuar avanzando y pensando la clínica psicomotriz desde el lugar de lo posible, desde lo simbólico.

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