Pensar(nos) en contexto. Sobre urgencias subjetivas, sueños, deseos, motivaciones

18 provincias por la educación para el medio rural
Comité Académico de la Fundación Sociedades Complejas..

Hacia la creación de espacios y tiempos para el desarrollo del potencial de niños y jóvenes…

Profesionales de la educación y la salud nos reunimos en el II Congreso Internacional sobre Problemáticas en Educación y Salud, con sede en la Facultad de Ciencias Económicas (UBA), organizado por la Fundación Sociedades Complejas. Hicimos un alto en nuestra cotidianidad y dejamos de lado algunas certezas para reflexionar acerca de los desafíos que afrontan los niños y adolescentes nacidos en una sociedad compleja en la que converge más de una urgencia. La interrupción asumida como acto voluntario en contra de la repetición y de las profecías de fracaso nos coloca en un espacio en donde siempre es posible hacer algo, por más pequeño que esto sea.

Sostenemos que es responsabilidad de los adultos ayudar a que chicos y jóvenes atraviesen las urgencias (psíquicas, materiales, físicas) que surjan en sus vidas. No podemos permitir(nos) que haya niños y adolescentes solos, familias a la deriva ni escuelas que sean galpones… Familias, escuelas y hospitales son instituciones en las que se constituyen subjetividades; instituciones proveedoras de contención y cuidado y, al mismo tiempo, ámbitos apropiados para el despliegue de la imaginación, el juego, el asombro y la creatividad.

Precisamos contar con herramientas teóricas y prácticas para poder localizar las manifestaciones y los síntomas del sufrimiento, hacer foco en la prevención, la detección temprana y las intervenciones más apropiadas.

Dar esperanza...

Los rostros de niños y jóvenes desesperados lastiman el alma. Los que duermen en las calles, los que están ebrios en las noches frías de la ciudad, los que caminan sin rumbo con una frazada echada a los hombros… son víctimas de muchas desesperanzas personales y colectivas.

Los docentes y los padres nos sostenemos en la esperanza. Si no tuviéramos esperanza y estuviéramos seguros que el mundo será peor mañana que hoy, dejaríamos de enseñar y de tener hijos. ¿Cómo ayudar a los más jóvenes a darse una esperanza? ¿Cómo reforzar su rebeldía contra los destinos puestos por escrito? El trabajo del adulto es, entre otras cosas, ofrecer sentidos para vivir. Lo hacemos con lo mejor y lo peor de nosotros mismos. Lo mejor de nosotros los ayuda a mejorar. Lo peor de nosotros los ayuda a perdonarse.

(El artículo completo forma parte de la Revista Novedades Educativas 312/313).

Escrito por el Comité Académico de Fundación Sociedades Complejas.



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