En busca del aula perdida

En busca del aula perdida

Familias y escuelas a partir de la pandemia


$ 1100,00


La pandemia COVID-19 colocó a cada ser humano ante riesgos y pérdidas, y amenazó con cortar lazos pedagógicos e interrumpir el ciclo lectivo. Pero el despliegue de una enorme fuerza de voluntad por parte de familiares y docentes logró impedirlo, en gran parte: hubo clases y aprendizajes, aunque también se produjo una nueva brecha de desigualdades en el estudiantado.

Volver a las aulas ha sido la intención desde el inicio y la pregunta que atraviesa el retorno es qué escuela sucederá a esta experiencia: ¿cambiarán los modos de organizarse para enseñar y aprender? ¿Cambiarán las prioridades dentro de cada establecimiento? ¿Habrá nuevas situaciones conflictivas? ¿Surgirán nuevos enfoques? De todo eso habla este libro, por medio de testimonios de directivos de escuelas muy variadas y distantes, de niveles inicial, primario y secundario, que muestran su recorrido en tiempos de pandemia y prevén la etapa siguiente. En diálogo con ellos, Isabelino Siede analiza las tensiones que han atravesado la relación entre familias y escuelas durante el aislamiento social y el impacto que dejarán para el tiempo posterior.

Presentación y agradecimientos

Capítulo 1. Tiempos convulsivos

Crónica de una tragedia inesperada
Qué tipo de fenómeno es una pandemia
El impacto en los grupos familiares
Los sistemas educativos transitando sin brújula

Capítulo 2. La voz de los equipos directivos: escenas de un tiempo difícil

Hacer escuela en todo el país
El cimbronazo
Economía de guerra y ayuda social
La enseñanza no se rinde
El eco de los hogares
Emociones en la cornisa
El equipo docente
Momentos de un camino sinuoso

Capítulo 3. Claves para leer lo que hemos vivido

Escuela y sociedad ante la pandemia
Subjetividades que trastabillan
Comunicaciones en hervor y responsabilidades trastocadas
Señales de alarma (mientras administramos la turbulencia)

Capítulo 4. La voz de los equipos directivos: expectativas para el día después

Aulas bajo sospecha
Aprendizajes inesperados
Prever sin predecir: se hace camino al andar

Capítulo 5. Pistas para construir un tiempo nuevo

Lo que el virus no se llevó
Educamos, que no es poco
Nuevas tensiones entre familias y escuelas
Hacia el aula sin muros

Bibliografía

Isabelino Siede

Doctor en Ciencias de la Educación (UBA). Licenciado en Ciencias de la Educación (UBA). Profesor para la Enseñanza Primaria (ENS N° 2 Mariano Acosta).

Se desempeña como docente e investigador en la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad Nacional de Moreno y la Universidad Nacional de la Patagonia Austral.

Ha publicado diversos libros como compilador y como autor: Ciencias Sociales en el aula de primaria: alternativas y oportunidades (Camus, 2020), Hacia una didáctica de la educación ciudadana (Homo Sapiens, 2020), Entre familias y escuelas. Alternativas de una relación compleja (Paidós, 2017), Peripecias de los derechos humanos en el currículo escolar de Argentina (Eudeba, 2016), Casa y jardín. Complejas relaciones entre el Nivel Inicial y las familias (Homo Sapiens, 2015), Ciencias sociales en la escuela. Criterios y propuestas para la enseñanza (Aique, 2010). La educación política. Ensayos sobre ética y ciudadanía en la escuela (Paidós, 2007), Ciudadanía para armar (con Gustavo Schujman, Aique, 2007), Formación ética. Debate e implementación en la escuela (Santillana, 2002), Retratos de familia en la escuela. Enfoques disciplinares y propuestas de enseñanza (con Silvia Calvo y Adriana Serulnicoff; Paidós, 1998) y Todos y cada uno frente al desafío de los derechos humanos (Amnistía Internacional de Argentina, 1997).

Participó en la elaboración de diseños curriculares en la Ciudad de Buenos Aires y en las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Chubut. También ha publicado numerosos artículos académicos, materiales de desarrollo curricular y textos de enseñanza para niveles primario y secundario.

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El título de este libro tiene antecedentes cinematográficos y literarios. Raiders of the Lost Ark (1981) se llama una película norteamericana, conocida en España como En busca del arca perdida, aunque también se la tituló Indiana Jones y los cazadores del arca perdida. Su trama se desarrolla en 1936, durante el período de expansión del nacionalsocialismo. Presenta a Hitler abocado a encontrar el Arca de la Alianza que, según los relatos legendarios, guarda los Diez Mandamientos y posee poderes sobrenaturales que la hacen capaz de eliminar ejércitos enteros. Por esa razón, el gobierno de los Estados Unidos desea encontrarla y encomienda esa tarea al doctor Henry Jones (conocido como Indiana Jones), un profesor de Arqueología que acaba de regresar de las junglas sudamericanas.

En el terreno literario, el antecedente del título de este libro es En busca del tiempo perdido, la emblemática novela de Marcel Proust escrita entre 1908 y 1922 y publicada por partes entre 1913 y 1927. Se la considera una de las cumbres de la literatura francesa y de máximo relieve en el mundo. En ella, un joven narrador, perteneciente a una familia burguesa de París de principios del siglo XX, desea ser escritor, pero es desviado de ese objetivo por estímulos terrenales. La enfermedad y la guerra lo apartan del mundo, pero también le permiten tomar conciencia de la vanidad de las tentaciones, en tanto despliega sus aptitudes para llegar a ser un escritor capaz de fijar el tiempo perdido.

Este libro no remite a aventuras legendarias, pero encara el análisis de una gesta colectiva que bien podría narrarse en tono épico para las próximas generaciones. Tampoco pretende luminosidad literaria, pero alude a una época en que la sociedad se replanteó el sentido de aquello que valoraba hasta poco antes.

También ahora, en este presente, el tiempo ha cobrado preponderancia y algunos sectores observan el ámbito educativo preocupados por la pérdida de horas de enseñanza, pues consideran que el principal factor pedagógico radica en la extensión cronológica. Por el contrario, me interesa aquí hablar del tiempo entendido como época, como coyuntura en la que se diluye la percepción de lo cotidiano pero, simultáneamente, comienza a vislumbrarse una etapa novedosa.

El año 2020 colocó a cada ser humano en riesgo de perder la salud e incluso la vida. Buena parte de la población sufrió pérdidas colaterales, como la posibilidad de trabajar y percibir ingresos, transitar más allá de los límites de su hogar o encontrarse con personas de su núcleo familiar y social. Entre los equipos docentes, la pérdida principal fue el aula. La pandemia amenazó con cortar lazos pedagógicos e interrumpir el ciclo lectivo, pero el despliegue de familiares y docentes, con enorme fuerza de voluntad, logró impedirlo en gran parte. Sin embargo, el aula se perdió. La enseñanza se mudó a las viviendas particulares de estudiantes y educadores, se entremezcló con sábanas y ollas de la cotidianidad hogareña, se coló en los momentos de sueño y de descanso, cambió de manos y echó raíces en madres, padres y adultos responsables de cada grupo familiar, bajo la tutela de maestras, maestros, profesoras y profesores atrapados en pantallas planas. El aula se perdió y con ella se desdibujaron los límites que distinguen lo que está dentro y fuera de la escuela.

El aula es el espacio de la enseñanza y de los aprendizajes escolares, no solo recipiente o reservorio donde se guardan colecciones de estudiantes y docentes, sino continente vivo de la experiencia compartida. Al perder el aula como elemento organizador de la tarea común, escuelas y familias desdibujaron las fronteras demarcatorias y recrearon sus tensiones previas en nuevos problemas y nuevas oportunidades.

La palabra “aula” proviene del latín, lengua en la que significa “patio”. Es curioso, porque la distinción entre el patio y el aula es una de las primeras cosas que aprende quien ingresa a una escuela; sin embargo, ambas cabían en la misma palabra para los antiguos romanos. A su vez, ellos la tomaron de los griegos, que denominaban aulé al “patio que estaba delante de la casa, rodeado de construcciones para caballeriza o establos y para las habitaciones de los servidores” (Castello y Mársico, 2005, p. 65). La Real Academia Española la define pomposamente como “Sala donde se celebran las clases en los centros docentes”. En 2020, en cambio, el aula volvió a los patios y las cocinas de sus inicios, fuera de los centros docentes que menciona el diccionario y cerca de las sartenes, la ropa sucia o las camas de niñas, niños y adolescentes, en el intersticio entre alguna Biblia y el calefón. Se multiplicó hasta perderse en numerosos y diversos sitios de enseñanza, que devinieron aula presurosa y temporaria, como quizá lo fueron las primeras de la historia. Las salas de las escuelas quedaron vacías, mientras todo se transformó en aulas, escenarios improvisados en los que enseñar y aprender, fuera como fuese, contra viento y pandemia.

Con dolores y tristezas, las clases se siguen celebrando, como aprecia la RAE, porque esta es una conquista colectiva y porque ningún virus prepotente es capaz de horadar los sueños o cercenar proyectos cuando la sociedad asume con convicción el derecho a la educación. De todo eso habla este libro, por boca de directivos de escuelas muy variadas y dispersas, que muestran su recorrido en tiempos de pandemia como el pescador orgulloso expone lo que ha logrado arrebatarle al mar.

En el aula difusa y escurridiza de la aldea global, docentes y familias continuaron haciendo escuela, pensando sobre lo hecho y haciendo mientras pensaban. Sin embargo, en el torbellino de los tiempos difíciles, se vuelve necesario reconstruir cada tramo del camino y reflexionar sobre lo presente y lo pendiente, para proyectar lo que viene y lo que llevamos. De eso trata este libro, que tiene el humilde carácter provisorio de las reflexiones que se susurran cuando el temblor aún no termina y la expectativa de aportar algo a la construcción de respuestas necesariamente colectivas y cooperativas.

Su primer capítulo se llama “Tiempos convulsivos” y presenta una breve crónica de los sucesos ligados a la pandemia, junto a una reseña de interpretaciones circulantes durante 2020. En él se esboza el escenario de situación del sistema educativo argentino para dar respuesta a este desafío.

El segundo capítulo es “La voz de los equipos directivos: escenas de un tiempo incierto”, y recoge los testimonios y las reflexiones de directivos de quince escuelas de nivel inicial, primario y secundario de diferentes jurisdicciones del país. En esas voces, es posible delinear algunos rasgos comunes y diferenciales de lo sucedido en las escuelas ante la pandemia.

“Claves para entender lo que hemos vivido” es el nombre del tercer capítulo, en el que postulo algunos parámetros de interpretación de lo que hizo el sistema educativo en situación de emergencia, al tiempo que abordo las tensiones de la relación entre familias y escuelas en ese contexto.

El cuarto capítulo, denominado “La voz de los equipos directivos: expectativas para seguir adelante”, está protagonizado nuevamente por testimonios, pero esta vez ligados a las perspectivas de los tiempos que se avecinan. A partir de los aprendizajes y las experiencias de 2020, postulan cuestiones que se abren hacia la etapa posterior.

El quinto capítulo es “Pistas para construir un tiempo nuevo”; presenta el análisis de las transformaciones que podrían haberse iniciado en el contexto de pandemia y se plantean como ejes de transformaciones ulteriores. En particular, se anticipan escenarios probables de la sociedad en el período postpandémico y se postulan nuevos riesgos y oportunidades en las relaciones entre familias y escuelas.

Agradezco enormemente la colaboración de colegas que, de modo diverso y desinteresado, contribuyeron a que este libro sea posible. Nombro a quienes recuerdo en este momento, y espero que nadie haya quedado fuera de la lista: Daniel Alberto Ammar, Ivana Barrios, Patricio Bolton, Daniel Brailovsky, Inés Caregall, Mabel Noemí Castán Begher, Mirta Chirino, Viviana D’Amico, Viviana Escobar, María Alejandra Ferreiro, Ricardo Garino, Juan Giménez, Laura Guiamet, María José Lachaise, Patricia Mansilla, Guillermo Micó, María Claudia Olis, Ana Pérez Casal, Andrea Peralta, Noelia de la Reta, Rodrigo Scrocchi, Kathrin Schwender, Liliana Simari, Clara Luci Sueldo, Marisa Suli, Marina Tutor, Zara Carmen Vadillo y Bárbara Viapiana

Antes de la entrega final del texto, conté con la valiosa lectura de Belén Janjetic, Diego González Castañón, Graciela González, Gustavo Schujman, Horacio Cárdenas, Julia Alcain, Pablo Pineau y Paula Siede, a quienes agradezco las críticas y las sugerencias, al mismo tiempo que los desligo de toda responsabilidad sobre falencias finales del trabajo.

Agrego en el agradecimiento a mi familia, que postergó el descanso después de un año particularmente agotador y soportó con paciencia la “cara de libro” de un padre y marido a quien se le ocurrió escribir durante parte del verano. Belén, Paula, Guadalupe y Camilo son mi refugio y sostén. Esta obra no hubiera sido posible sin sentir el amor que me brindan cada día.

Finalmente, dedico este libro a docentes y directivos que bregaron sin descanso por garantizar el derecho a la educación en las circunstancias difíciles que hemos atravesado.

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